dilluns, 21 d’octubre de 2013

La traca final, un nuevo e interesante artículo de Caballero Cid



Un interesante y nuevo escrito de nuestro amigo Caballero Cid que queremos compartir con todos vosotros. Agradecer de nuevo a Caballero Cid que nos tenga en cuenta a la hora de publicar sus artículos.
LA TRACA FINAL
El 6 de diciembre de 1978, una nueva Constitución nos otorga a todos los españoles el “Derecho a decidir” el marco de convivencia establecido para poner fin a cuarenta largos años sin democracia. Dicho marco de convivencia permitiría un año más tarde la recuperación de las instituciones catalanas recogidas en el Estatut de diciembre de 1979 y la elección de Pujol como presidente de ...los catalanes en marzo del siguiente año. Es a partir de ese momento, que todos los mecanismos de la Generalitat se ponen al servicio de una estrategia a largo plazo que con el legítimo derecho utilizado como pretexto, para la recuperación de la lengua, las costumbres y las instituciones catalanas, ocultan un trasfondo pero firme intencionalidad de progresiva y decidida descastellanización y desespañolización de Cataluña, basadas en un victimismo que a lo largo de los años ha ido calando en una parte importante de la población.
En abril de 1983 en un alarde de desprecio por la auténtica realidad lingüística de los ciudadanos de Cataluña, se aprueban las leyes con la sospechosa denominación de “Normalización lingüística” que si bien comenzaron equilibrando la balanza lingüística, acabarían amparando, protegiendo y aplaudiendo a todos aquellos que mediante actos incívicos y vandálicos se dedicaron durante años a destruir todo vestigio público de la lengua española, en placas, señales, carteles, etc. y que lejos de ser reprendidos y sancionados, vieron premiadas sus acciones con la definitiva desaparición pública de la lengua española, desnormalizando en lo oficial lo que, sin embargo, era normal y cotidiano en las calles.
Pero es en la década de los noventa, cuando se impone la obligatoriedad de eliminar la lengua española como vehicular en las escuelas, despojándola de toda validez, para dar exclusividad y protagonismo a la lengua catalana e imponiendo así a multitud de niños castellanohablantes la dificultad añadida de una lengua ajena al entorno familiar en su educación y aprendizaje, lejos de buscar una convivencia y vehicularidad compartida de los dos idiomas ampliamente representativos de la sociedad catalana.
Después de tres décadas asumiendo y reclamando competencias del Estado una tras otra, después de haber hecho desaparecer la lengua española en todo ámbito público y oficial, después de haber conseguido las más amplias cotas de autogobierno que una parte de una nación, puede llegar a conseguir, las ansias de poder soberanista del poder político catalán imponen la necesidad de un nuevo Estatut que absolutamente nadie reclamaba en la calle, pero que lo presentan intencionadamente como “una necesidad reclamada por el pueblo”, desafiando deliberadamente la Constitución y llamado a los ciudadanos a las urnas en julio de 2006, a sabiendas de que las pretensiones de dicho Estatut apuntaban mucho más allá de la propia carta magna y que no habría de servir sino como pretexto para justificar el truco final del “mago” que no pretende otra cosa en realidad, que convertir a Cataluña en Estado por el arte de birli birloque.
Apenas unas pinceladas de Constitucionalidad sobre el Estatut fueron magnificadas hasta el extremo de sembrar un antiespañolismo exacerbado que se materializaría con el acoso y derribo de cualquier signo que pudiera recordar la españolidad de Cataluña, como el acto vandálico contra el último toro de Osborne de la geografía catalana, derribado en agosto de 2007 o el posterior ataque y derribo contra las corridas taurinas en la ciudad de Barcelona.
Lejos de apaciguar el antiespañolismo deliberadamente sembrado desde las instituciones y los medios públicos al servicio del “régimen” y aprovechando el oportunismo de una gran frustración ciudadana derivada de una grave situación de crisis económica, fueron la baza que convertirían en mecha para encender la gran traca del independentismo que tendría comienzo con la consulta separatista de Arenys de Munt en septiembre de 2009, para continuar con un castillo de consultas artificiales por toda Cataluña, que en índices de participación resultarían un estrepitoso fracaso, pero a las que sucedieron toda una serie de tracas de desafíos separatistas, eliminado las banderas oficiales de España y de Cataluña de Ayuntamientos y edificios públicos, para dejar paso a toda una bacanal de trapos estelados ondeando desafiantes por todas partes a la vez que se hacía calar en la población la más que intencionada idea del “España nos roba” que tantos adeptos ha ido captando a la gran causa del régimen separatista.
Y ahora, una vez que a una gran parte de la ciudadanía catalana nos han despojado de nuestros símbolos, nuestras banderas, la validez oficial de nuestro idioma y todo vestigio que nos identifique como españoles; una vez que nos han despojado de todo ello sin respetar nuestro derecho a ser quienes somos, porque lo somos y no contra nadie; una vez que han pisoteado todos nuestros derechos como catalanes de España, ahora nos quieren vender su más que manipuladora e interesada traca final, revestida de falsa democracia que no persigue otra cosa que su particular “derecho a decidir independencia sí o sí”.
Pero deben saber los voceros del “derecho a decidir” que con la traca final se pone fin a la fiesta estelada, para aterrizar de nuevo a la realidad cotidiana de una sociedad que pese a las más de tres décadas de adoctrinamiento acabará abriendo los ojos a la verdadera realidad democrática del auténtico “Derecho a decidir”, pero para todos y sin la presión de los tiempos de crisis ni la opresión de un separatismo oportunista cuyas esteladas no conseguirán nunca cegarnos a todos.
Caballero Cid de Hoy

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