dijous, 23 de gener de 2014

CARTA ABIERTA A MAS, por Caballero Cid de Hoy


Señor Artur Mas:
“Aquesta és la veu d'un poble” La voz de un pueblo, o de alguien que también forma parte de él. La voz de un pueblo al que Ud., su partido y los independentistas de toda la vida les han inoculado hábilmente, con astucia y persistencia la semilla del “anticatalanismo de España”, de su supuesta “catalonofobia”, de su presunta parasitaria existencia respecto de Cataluña y del “hit” populista del España nos roba. Artimañas todas ellas minuciosamente calculadas para conseguir dotar a los cuatro separatistas de toda la vida de la fuerza y la voz que nunca hubieran tenido sin lograr captar a su causa a tantos y tantos Núñez, López, Rodríguez o Fernández, a quienes despectivamente se les había tratado de charnegos, pero con quienes ahora se cuenta fervorosamente para mostrar mezquinamente a España, que son precisamente sus propios hijos y nietos quienes conformar el “clam” o “la veu d'un poble” que pide divorciarse de ella.
Permítame decirle, sin embargo y con el debido respeto, que en ningún rincón de la España a la que como catalán me siento orgulloso de pertenecer, por el peso de su historia, por su variopinta cultura, por la riqueza de sus lenguas, por el tesoro privilegiado de su clima, por sus diversos paisajes de indescriptible belleza, por sus monumentos, sus tradiciones, su cultura y la nobleza de sus gentes y por muchas otras razones; en ningún lugar, repito, he percibido en modo alguno tal catalonofobia de la que tanto hablan ustedes, salvo excepciones que haberlas hailas siempre y en todo lugar. En ningún rincón de la España de la que Cataluña tiene la fortuna de ser una parte esencial y de la que España tiene el privilegio de enorgullecerse y sentir como propia, he percibido más odio y rechazo que el que me ha tocado vivir en mi propia tierra, respecto de pertenecer a ese territorio que todos somos y que Ud. ahora pretende fragmentar al amparo de una supuesta mayoría social compuesta por un castillo de naipes de mentiras y de medias verdades en unos tiempos difíciles para tantas familias y tantas personas a quienes se les ha vendido la fragmentación de España como el gran elixir que solventará todos sus males.
No voy a negar la grave situación económica por la que España, por lo tanto Cataluña está pasando. No voy a negar mi hartazgo e indignación por los numerosos casos de corrupción que han aparecido en últimos años vinculados a los principales partidos de la nación y también al suyo propio. No voy a negar mi tristeza y mi rabia por las calamidades que vienen sufriendo tantas familias en España que han sido condenadas a perder sus puestos de trabajo sin expectativas para encontrarlo de nuevo, ni mi hastío e impotencia por la creciente mendicidad que azota a toda Cataluña, mientras ustedes sólo se preocupan de encontrar la fórmula para fragmentarla y confrontar a los catalanes que con pareceres discrepantes en el seno de las propias familias se ven abocados al silencio y al distanciamiento para evitar la crispación y la confrontación a la que ustedes nos están condenando. No voy a negar el acoso y arrinconamiento que sufrió la lengua catalana durante tiempos pasados que fueron igualmente difíciles y duros para todos los españoles, pero tampoco voy a negar el acoso y arrinconamiento oficial al que, en tiempos de democracia, se somete a mi propia lengua española, en esta mi propia tierra que es Cataluña, en cuyas instituciones se ha eliminado como lengua vehicular o hasta de las propias escuelas infantiles, donde se le dedican menos horas incluso, que a las lenguas extranjeras.
Le dirijo a usted por tanto mis palabras, en este idioma que es el mío, en esta mi tierra que es Cataluña, para recordarle que esta también es la “voz de un pueblo” o de una parte de él, a quien usted como presidente de todos también se debe. Y en este idioma que es el mío y tan propio y natural de mi tierra como la hermosa “llengua catalana” que ustedes empañan y embrutecen cada vez que la presentan como arma de batalla en su cruzada; en este idioma quiero recordarle aquel Estatut que ustedes nos quisieron vender como una necesidad que nadie habíamos reclamado en la calle. Estatut en el que pretenciosamente traspasaron la línea de lo constitucional, asestando el golpe de gracia a este idioma en el que le hablo y pretendiendo despojar a España de su calidad de nación única de todos, justificados en el “España nos roba” que tan hábilmente vendieron y a sabiendas de un pronunciamiento del Constitucional que de ningún modo podría dar el visto bueno a la vocación rupturista y secesionista del mismo.
Me dirijo también en este idioma, para recordarle la manifestación del 11S del 2012, sembrada con las distintas semillas que pueblo a pueblo, durante los años previos y muy especialmente durante y después ese verano, fueron dejando las plataformas al servicio del separatismo y subvencionadas y alentadas por ustedes, mientras no les llegaba el dinero para la educación, la sanidad o las ayudas sociales. Le recuerdo que como consecuencia de aquella manifestación absolutamente orquestada y respaldada por todos los medios políticos, informativos y sociales a su servicio, decidió anticipar unas elecciones con su firme compromiso de iniciar un proceso separatista sólo y exclusivamente con una aplastante mayoría absoluta que lejos de producirse le llevaría al mayor declive electoral de la historia de su partido. La “veu d'un poble” se había pronunciado, pero hizo usted oídos sordos y decidió llevar a cabo su “Plan”, acaso intentando tapar su derrota y sus propias miserias, detrás de un lamentable símbolo estelado que en otros tiempos acompañaron en sus reivindicaciones separatistas al despreciable fuego y la metralla de quienes querían cargarse la convivencia por la fuerza de las bombas.
A base de asimilar competencias reclamadas al Estado sin límite, pero sin presupuesto para afrontarlas; a base de enriquecerse ostentado los sueldos más altos de toda España, por encima incluso del propio presidente del Estado. A base de arrinconar a la lengua española, con un victimismo injustificado y utilizar todos los medios políticos, mediáticos y sociales para situar a Cataluña al borde mismo de la independencia, pero también de la miseria económica. Una vez reducido mi idioma a mera lengua extranjera, eliminada mi bandera de España de los ayuntamientos y consentidos los símbolos estelados en las fachadas, los consistorios, las cimas de las montañas y hasta los campanarios de las iglesias. Una vez consumado todo el proceso, declarada irregularmente la soberanía del Parlament sin que los ciudadanos nos hayamos pronunciado y conquistada la adhesión a la causa de una gran parte de aquellos que en otros tiempos fueron “vulgares charnegos”, ahora quiere usted que vayamos a las urnas, pero sin tan siquiera concedernos el derecho a poder votar claramente “NO” al separatismo, con una doble y tramposa pregunta que no hace sino negarnos el propio “derecho a decidir” del que burdamente se erigen en defensores.
Sepa pues, señor Mas, que la “veu d'un poble” es también mi voz, la de alguien que no está dispuesto a seguir pagando la televisión autonómica más cara de España, a que su sueldo gobernando para siete millones de ciudadanos sea mayor que el del presidente del Estado que gobierna para cincuenta millones, a que se gaste el dinero en innecesarias embajadas o absurdas cruzadas identitarias, mientras no le llega para sanidad, educación o asistencia social.
¿Puede usted explicarme quien pagaría mi pensión en una hipotética Cataluña independiente? ¿Puede usted explicarme qué empresas me ofrecerían trabajo a mí, o a los míos cuando ya no estemos en Europa? ¿Puede usted decirme cual será mi moneda, mi lengua, mi porvenir y mi futuro en ese país de las maravillas que nos promete?
Si siendo una parte de España no han respetado mi idioma ¿Por qué iban a hacerlo en una “Catalunya independent”? Si antes se han enriquecido ustedes a mi costa ¿Por qué iban a dejar de hacerlo después? ¿Por qué tengo que creerme ese país de las maravillas que no nos han explicado, donde usted dice que los catalanes podremos gobernarnos a nosotros mismos, cuando en realidad son ustedes quienes aspiran a seguir gobernándonos a los ciudadanos, con las mismas ansias de poder, pero con toda la sartén tributaria por el mango y a su servicio?
Sí señor Mas, yo quiero decidir. Decidir por una España bien gobernada, una Cataluña bien gobernada, sin corrupción, sin más gasto que el necesario y sin mentiras ni engaños, ni nadie que tape sus miserias con las miserias del otro ni con banderas de trapo. Yo quiero decidir por una España, grande, plural, diversa y libre para todos, en la que Cataluña siga siendo ese pilar esencial y enriquecedor, respetado y respetuoso, donde la convivencia, la confianza y la honestidad sean el verdadero símbolo de todos, sin que nadie tenga que estampar en la cara de nadie ninguna bandera de trapo. Yo quiero decidir todo eso, pero me niego a dar por bueno un referendum tramposo donde ni tan siquiera se me da la oportunidad de votar un alto, claro y rotundo “NO” al separatismo, a la fragmentación de España y a la división y confrontación entre ciudadanos.
Ésta señor Mas, es también la “veu d'un poble”, la voz de un pueblo que tiene derecho y exige ser escuchado, respetado y no engañado ocultando sus miserias detrás de su bandera de trapo.
Atentamente,
Caballero Cid de Hoy - 22/01/2013

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