dissabte, 21 de desembre de 2013

¿Castellano o español? de María Josefa Sánchez-Reyes

Recientemente publicamos un bello poema de Pilar Bielsa sobre las dos lenguas que cohabitan en Cataluña. Utilizaba el término castellano para hacer referencia a una de ellas. Hubo algunos amigos que expusieron que deberíamos utilizar el término español. Ayer mismo nos pasó todo lo contrario.
El uso que muchos hacen de uno u otro término, incluso indistintamente, creemos que ni perjudica ni va contra nada ni nadie. Y en todo caso nosotros respetamos los textos que nuestros amigos tienen a bien de enviarnos.
Quisiéramos compartir un artículo sobre este tema que salió publicado en el Boletín de Acción Cultural Miguel de Cervantes recientemente.

¿CASTELLANO O ESPAÑOL?

 
La Constitución española actual (1978) dice, en el Artículo 3, “1. El castellano es la lengua española oficial del estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla.”. La de 1931, en su artículo cuarto, proclama: “El castellano es el idioma oficial de la República. Todo español tiene obligación de saberlo y derecho de usarlo, sin perjuicio de los derechos que las leyes del estado reconozcan a las lenguas de las provincias o regiones. Salvo lo que disponga en leyes especiales, a nadie se le podrá exigir el conocimiento ni el uso de ninguna lengua regional”. Ambas leyes, intencionadamente, rechazan el término de “español” para nuestro idioma por presiones nacionalistas que quieren el mismo rango e importancia para sus lenguas regionales. Hoy día estas lenguas minoritarias son oficiales y obligatorias en el mundo público y especialmente en la enseñanza.
Indudablemente, el gallego, el vasco y el catalán son lenguas de España –estas dos últimas también de Francia- pero no son el español. El castellano tiene su origen en el norte de Castilla y sus primeras palabras aparecen en el siglo X en las Glosas Emilianenses y Silenses, al margen de textos latinos que los sacerdotes colocan porque ya ellos hablan “en roma paladino con el cual el pueblo fabla a su vecino”. Este incipiente idioma se va abriendo progresivamente en forma de abanico invertido a la vez que va aumentando a través de los tiempos su vocabulario. Galicismos medievales, germanismos visigodos, lusismos, italianismos y la cantidad enorme e arabismos además de los americanismos que trajo el descubrimiento de América, enriquecen la lengua. A favor del término “español” está cualquier diccionario de lengua extranjera, el diccionario actualizado de la R.A.E. que publica “Diccionario del español actual” y la obra extraordinaria de María Moliner, que se titula “Diccionario de uso del español”.
Desde el siglo XVI el español está consolidado y goza de gran prestigio creando una de las mejores literaturas del mundo. Como citas o anécdotas señalamos que el emperador Carlos V hablaba a Dios en español, en francés a las mujeres y con los caballos en alemán. El 17 de abril de 1536 este rey desafió solemnemente a francisco I y al obispo Mâcon, embajador de Francia en presencia del Papa y cardenales y diplomáticos en el Vaticano, expresándose en su lengua española “la cual es tan noble que merece ser sabida y entendida de toda gente cristiana”.
Español y no castellano utiliza Cervantes en su obra teatral “La gran sultana” en la que un personaje enseña a hablar en español a un elefante. Este mismo autor, en su novela “La española inglesa” presenta a la protagonista en la corte de Isabel I de Inglaterra y la reina le pide a la joven gaditana que le hable en español, porque lo entiende perfectamente y le gusta mucho. Larra, en un artículo publicado en 1832 con el título de “Empeños y desempeños”, explica que su sobrino que ha viajado por el extranjero, habla siempre en español Graciosas son las opiniones de dos premios Nobel: el mexicano Octavio Paz dice que no habla en castellano, que es muy difícil, y J. R. Jiménez no aprende el inglés para no estropear su español.
Un consejo interesante para los partidarios del castellano: “A homes e mugieres que caten aquestas escripturas de Menéndez Pidal, Navarro Tomás, Dámaso Alonso, Zamora Vicente, Rafael Lapesa, Gili Gaya et otrosi grandes sabidores. Por Do Jesucristo, Amén.”
Por Doña María Josefa Sánchez-Reyes

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