dilluns, 15 de juliol de 2013

LA PARTICIPACIÓN CIUDADANA Y LA CORRUPCIÓN

En algunas ocasiones amigos y amigas del Movimiento cívico de España y catalanes nos han trasladado su extrañeza de que no hablemos de los casos de corrupción que sacuden casi a diario nuestro estado de derecho y lo inundan todo, medios de comunicación, debates y participación ciudadana.
Aun no ajustándose del todo a la verdad, no les falta parte de razón, ya que nos hemos mantenido como asociación algo al margen de lo que consideramos es una de las pocas cosas que nos separan a los españoles. Y no separa de entrada ya que hay una inmensa mayoría de ciudadanos que participan en la vida pública y lo hacen cumpliendo las más elementales normas cívicas y de respeto y tolerancia y otros, los menos, traspasando esas normas básicas, cuando no entrando de lleno en lo que a todas luces es un delito tipificado.
No podemos estar más en contra de la corrupción y de aquellos que corrompen o se dejan corromper. Por eso hemos apoyado las campañas que a lo largo de estos meses algunos medios han iniciado para ir en contra de ella. Es por esa razón también que hemos apoyado y asistido a la presentación de algunos libros que ponen el dedo en la llaga de la corrupción, dando cuenta pormenorizada de los tejemanejes de algunos políticos y otros dirigentes sociales, empresariales o sindicales. Sabemos que eso no es suficiente, por eso apoyamos la creación de un grupo que, desde Cataluña, apostara por la transparencia y nos hemos adherido a cuantas iniciativas nos han hecho llegar amigos de lo más diversas y necesarias: que la Generalitat cumpla las sentencias y dictámenes judiciales, que se respete y se haga respetar la legalidad. Hemos apoyado incluso a algunas víctimas de abusos por parte de ciertos políticos sin escrúpulos y no hemos dejado de señalar lo que nos parece a todas luces una cara más de la sinrazón y perversión del nacionalismo sectario que tiene que ver con esta lacra que padecemos todos los españoles, y es la coartada de la bandera y la justificación de que si se ha imputado a algunos de sus 'hijos pródigos' es precisamente porque son nacionalistas. Se ha llegado a decir incluso que el celo fiscalizador en Cataluña es superior al del resto de España y que no solo los inspectores de hacienda sino que desde otras esferas del estado se han dedicado a buscar todo tipo de corruptelas en las asociaciones, entidades e instituciones mandadas por nacionalistas. Tampoco nada más lejos de la verdad, porque esa misma excusa es la que dan gobernantes en principio no nacionalistas de otras comunidades.
Todo eso para nada debe hacernos desenfocar el tema que nos ocupa: las prácticas corruptas y aquellos malos ciudadanos que las ejercen, defienden o fomentan, con su inacción o con el burdo abuso de su poder o el que les permite disponer de recursos públicos.
Nosotros apostamos por una sociedad justa, solidaria y honesta, donde la justicia, la democracia y el tiempo ponga a cada uno en su lugar. No estamos por las arbitrariedades que hemos padecido en algunas ocasiones y, mucho menos, en generalizaciones injustas o acusaciones generalizadas a unas determinadas personas o partidos, por el simple hecho de no comulgar con sus ruedas de molino o ser adversarios políticos o defensores de causas más nobles y más convenientes que la que una minoría defiende, al buscar el beneficio particular, exenciones o, llegando a la desfachatez total, impunidad, opacidad carta blanca para hacer lo que les place subvirtiendo nuestro estado de derecho, aplastando la Constitución y dilapidando el gran capital cívico, cultural y patrimonial que tenemos en España.
Y el papel de la ciudadanía, de las asociaciones cívicas es y debe continuar siendo muy importante. Ni distanciamiento, ni indiferencia y, mucho menos apatía, frente a todo tipo de prácticas corruptas; pero vigilando que no nos den gato por liebre y se den como hechos contrastados y constatables lo que no son más que meras infundios o simples suposiciones que, en democracia no debemos aceptar como hechos fehacientes. Tiempo al tiempo, ojo avisor y que la justicia y los resortes de todos pongan a cada cosa y a cada quien en su lugar, caiga quien caiga y afecte a quien afecte. Por España y por el bien de todos los españoles.

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